—¿Por qué te has rapado el pelo? Así tu cabeza parece una polla.
Hace media hora me llamaron de la ETT para un curro en Serrano. Reponedor en una perfumería muy importante, me dijeron. Y también que pagaban muy bien, a quince euros la hora. Como suelen pagar no más de ocho, no me lo pensé dos veces. ¿A quién se la tengo que chupar?
—Y esa barba, que más parecen los pelos de un coño ¿por qué no te la afeitas?
Así que aquí estoy ahora, reponiendo mercadería en esta perfumería de pijos. Mi labor consiste en traer perfumes, colonias, fragancias, cremas y todo tipo de mierdas que no bajan de cien euros la unidad, desde el almacén hasta el interior de la tienda en donde las promotoras las venden. Unas chicas obligadas a estar de pie todo el día, sonriendo dentro de unos ridículos trajes rojos. Tan ridículos como los envases de los perfumes que venden, pero más baratos.
—Y esa ropa andrajosa que llevas ¿de qué cubo de basura la has sacado?
El curro no es difícil. Aún así, en la ETT me advirtieron que, a pesar de la buena paga, nadie había querido aceptarlo. Todos decían que el dueño era un viejo provocador y que se regocijaba dándote la lata hasta que perdías el control y te ibas. Decían que estaba loco y que se parecía a Gollum, de “El Señor de los Anillos”.
—Eres maricón ¿verdad? Por eso llevas esas botas tan grandes. ¿Por qué no te pones también falda?
A mí en cambio, cuando lo vi, no me pareció que estuviera más loco que el común de la gente. Y con respecto a lo otro, este viejo era más enano, más raquítico, más orejón, tenía mayor opresión ocular y sus venas moradas se le podían ver con mayor claridad alrededor de su enorme cráneo pelado. En fin, que Gollum al lado de éste era Pierce Brosnan.
—¡Eh tú, Rasputín con alopecia! ¿Me oyes? ¡Quítate ahora mismo los cascos de la radio!
De todas maneras traje mi MP3 por si acaso. Bueno, en realidad siempre lo llevo conmigo. Escucho a Extremoduro². Gollum está detrás mío desde hace rato abriendo y cerrando su boca, pero no oigo lo que me dice. Ahora me hace gestos con sus manos huesudas y cubiertas de arterias rojas. Parece que quiere que me quite los cascos.
—¿Sí? —digo nomás quitármelos.
Gollum y yo estamos al lado de la vitrina de Chucho Bozz en donde también está la promotora de Chucho Bozz colocando las colonias de Chucho Bozz que huelen a meado de chucho.
—¿Ya terminaste? —me pregunta Gollum.
—¿Terminar qué?
—A ver, chaval. ¿Qué es lo que estabas haciendo?
—Acababa de traerle a la promotora las cuatro colonias Chucho Bozz que me pidió.
—¿Ya se los has dado?
—Pues, sí.
—Bien. A eso me refería cuando pregunté si terminaste.
Gollum sonríe maliciosamente y dice:
—Ahora te toca ser promotor.
—¿Promotor? A mí me llamaron para reponedor, no para promotor.
—A ti te llamaron —me dice Gollum elevando el tono de su voz— porque yo llamé a la ETT y les pedí un chico trabajador y no un gilipollas que esté tocándose los huevos todo el día. ¿Tú eres una chica trabajadora?
—Soy un chico.
—Perdón. Es que con esas botas pareces una chica. Bueno, respóndeme ¿eres un chico trabajador?
—Soy un chico que necesita dinero.
—Perfecto. Tú necesitas dinero y yo necesito a un reponedor-promotor. Ya terminaste tu labor como reponedor. Ahora te toca como promotor.
Gollum le arranca de las manos la colonia Chucho Bozz a la promotora. Ésta lo mira furiosa pero, cuando el dueño voltea, a la chica no le queda más remedio que bajar la mirada. No había elección. El cabrón tenía la pasta.
—Verás, ser promotor es muy sencillo. Solo tienes que echarte en las manos un poco de la colonia que vas a promocionar…
Gollum aprieta el spray y me suelta la colonia Chucho Bozz directo a los ojos. Joder. Me arden como el carajo.
—Perdón. Fue sin querer. Decía que solo basta con echarte en las manos un poco de la colonia que vas a promocionar, se lo haces oler al cliente y ya está. Se lo vendes. Sencillo ¿verdad? Ahora, toma esta colonia y vete a hacer tu labor.
Gollum me da la colonia. Se la recibo y me quedo plantado al lado de la promotora de Chucho Bozz. Mis ojos todavía me siguen ardiendo.
—¿Qué haces? —me pregunta Gollum.
—Lo que me dijo. Promocionar la colonia Chucho Bozz.
—Pero no aquí, coño. Ve afuera a la calle. Tienes que ir en busca de los clientes, no esperar a que los clientes lleguen a ti. Promotoras aquí dentro hay un huevo.
Era obvio que lo que Gollum quería era que me rinda y que me largue como todo el mundo hacía. Burlarse de la gente necesitada era su hobby. Pero si lo mandaba a tomar por culo, entonces él también ganaba puesto que eso demostraba, dentro de su fantasía, que todos los chicos de hoy en día éramos unos haraganes y que queríamos todo fácil. Antes los jóvenes éramos mejores, seguro que pensaba. Yo le iba a demostrar lo contrario.
Salgo con la colonia a la calle y, entre los transeúntes, comienzo a buscar a posibles clientes. Pero todos pasan de mí. Son las dos de la tarde de un lunes y Serrano, a estas horas, está de bote a bote porque todos salen de sus curros a comer. La peña está apurada y cuando me acerco a alguno, me mira con cara de estreñido y sigue su camino.
A lo lejos veo a una abuela que se acerca jalando algo del suelo. Tiene pinta de ser amable así que me le acerco.
—Hola, estoy promocionando esta colonia que tiene una fragancia que te cagas —le digo a la vieja que ahora me hace señas con las manos.
Pero cuando me doy cuenta es demasiado tarde. La abuela quería que me alejara porque lo que jalaba era una cadena. Cadena que a su vez está unida al collar de un gigantesco perro. Un Gran Danés parecido a Scooby Doo que en estos momentos olfatea el ambiente y que ahora clava sus ojos en mí. Sus ojos enamorados. Había sido conquistado por el aroma de Chucho Bozz.
Me doy media vuelta y pongo primera. Detrás de mí el Gran Danés se ha soltado de su dueña y me persigue. Corro como un loco por Serrano tropezándome con algunos transeúntes que caen en la acera. Veo el portal de la perfumería y entro. Me oculto detrás de la anfitriona de Pier Condón.
—¿Qué es lo que te pasa, coño? ¿Por qué ese jaleo? —me pregunta Gollum.
—Acabo de encontrarle un cliente que está muy interesado en la colonia de Chucho Bozz. Parece ser que quiere llevarse todo lo que haya en la vitrina.
—¿Todo?
—Sí. Pero entonces yo le dije que no estaba autorizado a venderle todo. Que para eso estaba el dueño. Por eso me vine.
—¿Y el cliente dónde está?
—Afuera.
—¿Lo dejaste en la calle? ¡Me cago en la puta!
Gollum me arranca de las manos la colonia y se echa Chucho Bozz por todo el cuerpo.
—¿Cómo es el cliente? —me pregunta.
—Grande. Muy grande.
Gollum se dirige a la puerta. Nos mira con desprecio a mí y a las promotoras.
—Todas vosotras sois unas inútiles —nos dice a medida que avanza en dirección a la calle—. No sabéis hacer nada bien. Si no encuentro a ese cliente os juro que hoy no cobráis. Me cago en la puta.
Gollum sale a la calle. Desde dentro de la perfumería las promotoras y yo le observamos. Primero le vemos mirar de izquierda a derecha. Está buscando a un cliente, les explico a las chicas. Luego vemos cómo el rostro de Gollum cambia de expresión. Sus ojos se agrandan hasta casi salirse de sus órbitas y su boca se abre como si fuera a mamarle la polla a King Kong. Acaba de encontrar al cliente, les explico a las chicas. Después vemos cómo el Gran Danés se tira encima de Gollum que cae al suelo gritando. El perro lo tiene cogido entre las patas y empieza a frotar su enorme polla roja sobre el diminuto cuerpo de nuestro jefe. Lo baña en lefa. Las chicas me miran. Buscan una explicación. Se las doy:
—Está disfrutando de su tesssoooro³.
___________________
¹ Título de una de las canciones del álbum “Yo, Minoría Absoluta” del grupo Extremoduro.
² Grupo español de Rock Duro.
³ De la trilogía de “El Señor de los Anillos” de J. R. R. Tolkien. Alusión a una frase que Gollum decía con respecto al Anillo de Poder: “Mi tesoro. Es mío, solo mío”.
Hace media hora me llamaron de la ETT para un curro en Serrano. Reponedor en una perfumería muy importante, me dijeron. Y también que pagaban muy bien, a quince euros la hora. Como suelen pagar no más de ocho, no me lo pensé dos veces. ¿A quién se la tengo que chupar?
—Y esa barba, que más parecen los pelos de un coño ¿por qué no te la afeitas?
Así que aquí estoy ahora, reponiendo mercadería en esta perfumería de pijos. Mi labor consiste en traer perfumes, colonias, fragancias, cremas y todo tipo de mierdas que no bajan de cien euros la unidad, desde el almacén hasta el interior de la tienda en donde las promotoras las venden. Unas chicas obligadas a estar de pie todo el día, sonriendo dentro de unos ridículos trajes rojos. Tan ridículos como los envases de los perfumes que venden, pero más baratos.
—Y esa ropa andrajosa que llevas ¿de qué cubo de basura la has sacado?
El curro no es difícil. Aún así, en la ETT me advirtieron que, a pesar de la buena paga, nadie había querido aceptarlo. Todos decían que el dueño era un viejo provocador y que se regocijaba dándote la lata hasta que perdías el control y te ibas. Decían que estaba loco y que se parecía a Gollum, de “El Señor de los Anillos”.
—Eres maricón ¿verdad? Por eso llevas esas botas tan grandes. ¿Por qué no te pones también falda?
A mí en cambio, cuando lo vi, no me pareció que estuviera más loco que el común de la gente. Y con respecto a lo otro, este viejo era más enano, más raquítico, más orejón, tenía mayor opresión ocular y sus venas moradas se le podían ver con mayor claridad alrededor de su enorme cráneo pelado. En fin, que Gollum al lado de éste era Pierce Brosnan.
—¡Eh tú, Rasputín con alopecia! ¿Me oyes? ¡Quítate ahora mismo los cascos de la radio!
De todas maneras traje mi MP3 por si acaso. Bueno, en realidad siempre lo llevo conmigo. Escucho a Extremoduro². Gollum está detrás mío desde hace rato abriendo y cerrando su boca, pero no oigo lo que me dice. Ahora me hace gestos con sus manos huesudas y cubiertas de arterias rojas. Parece que quiere que me quite los cascos.
—¿Sí? —digo nomás quitármelos.
Gollum y yo estamos al lado de la vitrina de Chucho Bozz en donde también está la promotora de Chucho Bozz colocando las colonias de Chucho Bozz que huelen a meado de chucho.
—¿Ya terminaste? —me pregunta Gollum.
—¿Terminar qué?
—A ver, chaval. ¿Qué es lo que estabas haciendo?
—Acababa de traerle a la promotora las cuatro colonias Chucho Bozz que me pidió.
—¿Ya se los has dado?
—Pues, sí.
—Bien. A eso me refería cuando pregunté si terminaste.
Gollum sonríe maliciosamente y dice:
—Ahora te toca ser promotor.
—¿Promotor? A mí me llamaron para reponedor, no para promotor.
—A ti te llamaron —me dice Gollum elevando el tono de su voz— porque yo llamé a la ETT y les pedí un chico trabajador y no un gilipollas que esté tocándose los huevos todo el día. ¿Tú eres una chica trabajadora?
—Soy un chico.
—Perdón. Es que con esas botas pareces una chica. Bueno, respóndeme ¿eres un chico trabajador?
—Soy un chico que necesita dinero.
—Perfecto. Tú necesitas dinero y yo necesito a un reponedor-promotor. Ya terminaste tu labor como reponedor. Ahora te toca como promotor.
Gollum le arranca de las manos la colonia Chucho Bozz a la promotora. Ésta lo mira furiosa pero, cuando el dueño voltea, a la chica no le queda más remedio que bajar la mirada. No había elección. El cabrón tenía la pasta.
—Verás, ser promotor es muy sencillo. Solo tienes que echarte en las manos un poco de la colonia que vas a promocionar…
Gollum aprieta el spray y me suelta la colonia Chucho Bozz directo a los ojos. Joder. Me arden como el carajo.
—Perdón. Fue sin querer. Decía que solo basta con echarte en las manos un poco de la colonia que vas a promocionar, se lo haces oler al cliente y ya está. Se lo vendes. Sencillo ¿verdad? Ahora, toma esta colonia y vete a hacer tu labor.
Gollum me da la colonia. Se la recibo y me quedo plantado al lado de la promotora de Chucho Bozz. Mis ojos todavía me siguen ardiendo.
—¿Qué haces? —me pregunta Gollum.
—Lo que me dijo. Promocionar la colonia Chucho Bozz.
—Pero no aquí, coño. Ve afuera a la calle. Tienes que ir en busca de los clientes, no esperar a que los clientes lleguen a ti. Promotoras aquí dentro hay un huevo.
Era obvio que lo que Gollum quería era que me rinda y que me largue como todo el mundo hacía. Burlarse de la gente necesitada era su hobby. Pero si lo mandaba a tomar por culo, entonces él también ganaba puesto que eso demostraba, dentro de su fantasía, que todos los chicos de hoy en día éramos unos haraganes y que queríamos todo fácil. Antes los jóvenes éramos mejores, seguro que pensaba. Yo le iba a demostrar lo contrario.
Salgo con la colonia a la calle y, entre los transeúntes, comienzo a buscar a posibles clientes. Pero todos pasan de mí. Son las dos de la tarde de un lunes y Serrano, a estas horas, está de bote a bote porque todos salen de sus curros a comer. La peña está apurada y cuando me acerco a alguno, me mira con cara de estreñido y sigue su camino.
A lo lejos veo a una abuela que se acerca jalando algo del suelo. Tiene pinta de ser amable así que me le acerco.
—Hola, estoy promocionando esta colonia que tiene una fragancia que te cagas —le digo a la vieja que ahora me hace señas con las manos.
Pero cuando me doy cuenta es demasiado tarde. La abuela quería que me alejara porque lo que jalaba era una cadena. Cadena que a su vez está unida al collar de un gigantesco perro. Un Gran Danés parecido a Scooby Doo que en estos momentos olfatea el ambiente y que ahora clava sus ojos en mí. Sus ojos enamorados. Había sido conquistado por el aroma de Chucho Bozz.
Me doy media vuelta y pongo primera. Detrás de mí el Gran Danés se ha soltado de su dueña y me persigue. Corro como un loco por Serrano tropezándome con algunos transeúntes que caen en la acera. Veo el portal de la perfumería y entro. Me oculto detrás de la anfitriona de Pier Condón.
—¿Qué es lo que te pasa, coño? ¿Por qué ese jaleo? —me pregunta Gollum.
—Acabo de encontrarle un cliente que está muy interesado en la colonia de Chucho Bozz. Parece ser que quiere llevarse todo lo que haya en la vitrina.
—¿Todo?
—Sí. Pero entonces yo le dije que no estaba autorizado a venderle todo. Que para eso estaba el dueño. Por eso me vine.
—¿Y el cliente dónde está?
—Afuera.
—¿Lo dejaste en la calle? ¡Me cago en la puta!
Gollum me arranca de las manos la colonia y se echa Chucho Bozz por todo el cuerpo.
—¿Cómo es el cliente? —me pregunta.
—Grande. Muy grande.
Gollum se dirige a la puerta. Nos mira con desprecio a mí y a las promotoras.
—Todas vosotras sois unas inútiles —nos dice a medida que avanza en dirección a la calle—. No sabéis hacer nada bien. Si no encuentro a ese cliente os juro que hoy no cobráis. Me cago en la puta.
Gollum sale a la calle. Desde dentro de la perfumería las promotoras y yo le observamos. Primero le vemos mirar de izquierda a derecha. Está buscando a un cliente, les explico a las chicas. Luego vemos cómo el rostro de Gollum cambia de expresión. Sus ojos se agrandan hasta casi salirse de sus órbitas y su boca se abre como si fuera a mamarle la polla a King Kong. Acaba de encontrar al cliente, les explico a las chicas. Después vemos cómo el Gran Danés se tira encima de Gollum que cae al suelo gritando. El perro lo tiene cogido entre las patas y empieza a frotar su enorme polla roja sobre el diminuto cuerpo de nuestro jefe. Lo baña en lefa. Las chicas me miran. Buscan una explicación. Se las doy:
—Está disfrutando de su tesssoooro³.
___________________
¹ Título de una de las canciones del álbum “Yo, Minoría Absoluta” del grupo Extremoduro.
² Grupo español de Rock Duro.
³ De la trilogía de “El Señor de los Anillos” de J. R. R. Tolkien. Alusión a una frase que Gollum decía con respecto al Anillo de Poder: “Mi tesoro. Es mío, solo mío”.

0 gritos guturales:
Publicar un comentario en la entrada