—Me gustan tus botas. ¿Qué marca son?
Hace veinte minutos me llamaron para un curro urgente en Goya. Carga de un furgón con escritorios para oficina, me dijeron. Cuando me llamaron, estaba leyendo un cómic, “Museum”, de Fernando de Felipe, y me faltaba poco para terminarlo. Tuve que interrumpir la lectura por el curro. Aplazar la pasión por el dolor. El placer por la agonía. ¡Todo lo que uno tiene que hacer por el dinero!
—¿De qué cuero están hechas? ¿Porcino o vacuno?
Cuando llegué al curro, una tienda pijotera de muebles para oficina al lado del centro comercial más exclusivo de la avenida Goya, y me entrevisté con el dueño, un gordo parecido a Majin Boo de Dragon Ball Z, curiosamente no me espetó nada con relación a mi aspecto ni a mi forma de vestir, sino que al contrario, pareció interesarle y hasta me preguntó por las botas. Por fin un dueño con buen gusto, me dije.
—¿Dónde te las has comprado?
Incluso pareció no importarle de que llevara los cascos de mi MP3 puestos. Escucho a Marilyn Manson² en volumen bajo, lo cual me permite escuchar tanto la música como al dueño a la vez. Comparando las voces de ambos, no cabe duda, el dueño no solo tiene la tripota de Majin Boo sino también la misma vocecilla de niño tarado.
—¿Cuánto te han costado?
—Fue hace tiempo ya —respondo—. No lo recuerdo muy bien…
—Vamos. Haz un poco de memoria. Es que me han gustado tus botas.
Majin Boo y yo estamos sentados el uno frente al otro en uno de los lujosos escritorios de su tienda. El furgón está aparcado afuera y todo parece indicar de que al dueño se la suda que corra el tiempo mientras conversa conmigo. Tiempo de trabajo pagado y yo sentado hablando de mis botas. Me cae bien el dueño. Me parece un tío desprendido y enrollado que quizás quiere comprarse mis botas o mejor aún, quiere comprárselas a su hijo o a su sobrino al que seguro también le gusta Marilyn Manson. Hago memoria. Intento ayudarlo.
—Lo compré con mi primera paga cuando empecé a currar con las ETT —digo—. Recuerdo que tuve que cargar y descargar mesas y asientos durante tres días para la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense y terminé reventado. Ese mes solo me llamaron para ese curro por lo cual recibí unos ciento cincuenta euros más o menos. Con eso fui y me compré las botas.
—¿Vives con tus padres? —me pregunta Majin Boo.
—No. Vivo solo.
—Y en ese tiempo, cuando te compraste las botas ¿vivías con ellos?
—No. Vivía solo como ahora.
—Pero te pasaban dinero. ¿Verdad?
—No.
—¿Tenías ahorros, entonces?
—Tampoco.
—¿Entonces como vivías? Me refiero a que, si ya es difícil vivir solo con ciento cincuenta euros ¿cómo lograste vivir ese mes sin nada? Porque todo el dinero se fue en las botas ¿verdad?
De pronto lo comprendí todo. ¡Cómo pude ser tan estúpido! Acababa de abrirle las puertas de mi intimidad a quien menos debía. Al peor de todos. Intuí lo que iba a pasar y decir la verdad empeoraría las cosas. Así que opté por mentir exagerando y afrontar lo inevitable: que Majin Boo no me iba a dejar cargar sus escritorios.
—Cierto —respondo—. Logré vivir porque en la chabola en donde me alojaba tenía una plantaza de maría que me la fumé toda y con eso fui tirando hasta la paga del mes siguiente.
—Y luego, con esa nueva paga ¿te compraste ese MP3 que llevas?
—No. Con esa paga me fui a una estética internacional e hice que me raparan el cabello y me peinasen la barba. Me costó trescientos euros la gracia. Pero no es nada si se compara con los seiscientos euros que me costó la ropa que llevo puesta ahora. Este MP3 me lo compré con la paga de tres meses: mil euros de tecnología de vanguardia.
—Es suficiente —dice Majin Boo cabreado y poniéndose de pie—. Váyase ahora mismo de mi tienda que usted no me toca ni uno solo de mis escritorios.
—Pero ¿por qué? —pregunto sabiendo de antemano la respuesta.
—Porque si usted no tiene ni donde caerse muerto ¿cómo es posible que tenga unas botas de ciento cincuenta euros? Ni yo, que soy empresario, tengo unos zapatos tan caros.
El típico tío envidioso y angurriento que vive comparándose con los demás. La diferencia es que este tiene el camuflaje de la pasta mientras quienes no la tienen se les ve la pluma más fácilmente. Seguro que tuvo una infancia con carencias y que todo lo que ahora tiene lo consiguió en base a tragar muchas pollas. Es lo que suelen decir para justificar su mezquindad. No obstante, a pesar de vivir en una mejor situación, siguen resentidos y cuando pueden aprovechan descargando en los más débiles. Unas botas de ciento cincuenta euros, según ellos pues, solo deben pertenecer a alguien que se haya tragado el doble de pollas que ellos. Y no a un Metalhead que no tiene casa ni curro fijo.
—No me voy hasta que me firme esto —digo extendiéndole mis boletines de trabajo.
—¿Tú crees que te voy a pagar por no haber hecho nada mas que calentar el asiento?
—Entonces le cargo el furgón y asunto arreglado.
—No voy a consentir que las manos de un haragán toquen uno solo de mis escritorios.
—Hombre, me puedo poner guantes y cargar solo asientos.
—Te crees muy listo ¿no? Sal ahora mismo he dicho.
—No puedo. Tiene que firmarme los boletines…
—¿Boletines? ¡Boletines te voy a dar yo!
Majin Boo se acerca y me empuja con la barriga derribándome al suelo. Intento levantarme pero ni bien lo logro Majin Boo vuelve a la carga con otro barrigazo que me hace rodar tres metros más allá. Vuelvo a levantarme y vuelvo a salir despedido hasta llegar casi a la puerta principal. Es un gordo grande contra el cual no puedo hacer nada. Así que en el siguiente barrigazo, en lugar de hacerle frente, solo pienso en caer lo mejor posible sin hacerme mucho daño.
Siento el barrigazo. Salgo despedido por los aires. Me cubro la cabeza. Siento un impacto acompañado de un ruido estrepitoso. Abro los ojos. Estoy en medio de un escritorio destrozado del escaparate.
—¡Me cago en la leche! —me dice Majin Boo cabreadísimo— Ese era el escritorio que se tenía que llevar al cliente ahora en la mañana. Un cliente muy importante. Y era la única existencia que había.
—Tú —me dice Majin Boo señalándome con su dedo regordete—. Tú me has jodido…
Majin Boo se lanza sobre mí pero logro salir de la tienda por los pelos. Corro por Goya dejando tras de mí mis boletines sin firmar. Su putamadre. Otro día sin cobrar. Dos calles más adelante me detengo. Volteo a mirar. Nadie me persigue.
Escucho un bocinazo. Miro a la calzada y veo a Majin Boo conduciendo el furgón y dirigiéndose hacia mí. Corro como un loco, doblo la esquina y me meto a un contenedor de basura. Abro un poco la tapa y veo que el furgón sigue de frente. Lo perdí. Salgo del contenedor y vuelvo por donde vine. Regreso a la tienda pijotera de muebles para oficina al lado del centro comercial más exclusivo de la avenida Goya. Una vez dentro, como lo suponía, no encuentro a Majin Boo quien seguro sigue buscándome en alguna calle aledaña. Cojo un rotulador grueso de un escritorio y en la parte de atrás de un cartel publicitario de la empresa que previamente había arrancado escribo lo siguiente:
ME SAQUÉ LA LOTERÍA.
REGALO TODO PORQUE ME VOY A CUBA Y NO VUELVO MAS.
Pego el cartel en el escaparate de la tienda. A los pocos segundos un curioso se acerca.
—¿Es cierto lo que dice el cartel? —me pregunta.
—Así es. Mi papá se sacó la lotería y ahora todos nos vamos a Cuba a bañarnos en sus playas y a follar como conejos.
—Y cuando dice de que regalan todo, eso significa ¿todo lo que hay en el interior de la tienda? —pregunta una pareja de curiosos que pasaban por allí.
—Absolutamente todo —respondo en voz alta y ya son como ocho personas las que tengo delante mío—. Pero tenéis que llevarlo ahora porque nuestro vuelo sale en media hora y entonces…
No me dejan terminar la frase y docenas de tíos, tías, niños, niñas, ancianos con sus perros e incluso dos personas en sillas de rueda entran a la tienda y cargan con todo. No dejan ni los trozos del escritorio que rompí.
Diez minutos más tarde me encuentro caminando por Goya rumbo a la estación del metro. A lo lejos veo el furgón de Majin Boo que regresa a la tienda. Y comprendo por fin porqué Majin Boo está tan grande y gordo pues no es grasa lo que lleva dentro.
Es lefa. Toda la que tragó a lo largo de su vida.
____________________
¹ Título de una de las canciones de la Banda Sonora de la película “Spawn” compuesta e interpretada por Marilyn Manson.
² Cantante norteamericano de Metal Industrial.
Hace veinte minutos me llamaron para un curro urgente en Goya. Carga de un furgón con escritorios para oficina, me dijeron. Cuando me llamaron, estaba leyendo un cómic, “Museum”, de Fernando de Felipe, y me faltaba poco para terminarlo. Tuve que interrumpir la lectura por el curro. Aplazar la pasión por el dolor. El placer por la agonía. ¡Todo lo que uno tiene que hacer por el dinero!
—¿De qué cuero están hechas? ¿Porcino o vacuno?
Cuando llegué al curro, una tienda pijotera de muebles para oficina al lado del centro comercial más exclusivo de la avenida Goya, y me entrevisté con el dueño, un gordo parecido a Majin Boo de Dragon Ball Z, curiosamente no me espetó nada con relación a mi aspecto ni a mi forma de vestir, sino que al contrario, pareció interesarle y hasta me preguntó por las botas. Por fin un dueño con buen gusto, me dije.
—¿Dónde te las has comprado?
Incluso pareció no importarle de que llevara los cascos de mi MP3 puestos. Escucho a Marilyn Manson² en volumen bajo, lo cual me permite escuchar tanto la música como al dueño a la vez. Comparando las voces de ambos, no cabe duda, el dueño no solo tiene la tripota de Majin Boo sino también la misma vocecilla de niño tarado.
—¿Cuánto te han costado?
—Fue hace tiempo ya —respondo—. No lo recuerdo muy bien…
—Vamos. Haz un poco de memoria. Es que me han gustado tus botas.
Majin Boo y yo estamos sentados el uno frente al otro en uno de los lujosos escritorios de su tienda. El furgón está aparcado afuera y todo parece indicar de que al dueño se la suda que corra el tiempo mientras conversa conmigo. Tiempo de trabajo pagado y yo sentado hablando de mis botas. Me cae bien el dueño. Me parece un tío desprendido y enrollado que quizás quiere comprarse mis botas o mejor aún, quiere comprárselas a su hijo o a su sobrino al que seguro también le gusta Marilyn Manson. Hago memoria. Intento ayudarlo.
—Lo compré con mi primera paga cuando empecé a currar con las ETT —digo—. Recuerdo que tuve que cargar y descargar mesas y asientos durante tres días para la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense y terminé reventado. Ese mes solo me llamaron para ese curro por lo cual recibí unos ciento cincuenta euros más o menos. Con eso fui y me compré las botas.
—¿Vives con tus padres? —me pregunta Majin Boo.
—No. Vivo solo.
—Y en ese tiempo, cuando te compraste las botas ¿vivías con ellos?
—No. Vivía solo como ahora.
—Pero te pasaban dinero. ¿Verdad?
—No.
—¿Tenías ahorros, entonces?
—Tampoco.
—¿Entonces como vivías? Me refiero a que, si ya es difícil vivir solo con ciento cincuenta euros ¿cómo lograste vivir ese mes sin nada? Porque todo el dinero se fue en las botas ¿verdad?
De pronto lo comprendí todo. ¡Cómo pude ser tan estúpido! Acababa de abrirle las puertas de mi intimidad a quien menos debía. Al peor de todos. Intuí lo que iba a pasar y decir la verdad empeoraría las cosas. Así que opté por mentir exagerando y afrontar lo inevitable: que Majin Boo no me iba a dejar cargar sus escritorios.
—Cierto —respondo—. Logré vivir porque en la chabola en donde me alojaba tenía una plantaza de maría que me la fumé toda y con eso fui tirando hasta la paga del mes siguiente.
—Y luego, con esa nueva paga ¿te compraste ese MP3 que llevas?
—No. Con esa paga me fui a una estética internacional e hice que me raparan el cabello y me peinasen la barba. Me costó trescientos euros la gracia. Pero no es nada si se compara con los seiscientos euros que me costó la ropa que llevo puesta ahora. Este MP3 me lo compré con la paga de tres meses: mil euros de tecnología de vanguardia.
—Es suficiente —dice Majin Boo cabreado y poniéndose de pie—. Váyase ahora mismo de mi tienda que usted no me toca ni uno solo de mis escritorios.
—Pero ¿por qué? —pregunto sabiendo de antemano la respuesta.
—Porque si usted no tiene ni donde caerse muerto ¿cómo es posible que tenga unas botas de ciento cincuenta euros? Ni yo, que soy empresario, tengo unos zapatos tan caros.
El típico tío envidioso y angurriento que vive comparándose con los demás. La diferencia es que este tiene el camuflaje de la pasta mientras quienes no la tienen se les ve la pluma más fácilmente. Seguro que tuvo una infancia con carencias y que todo lo que ahora tiene lo consiguió en base a tragar muchas pollas. Es lo que suelen decir para justificar su mezquindad. No obstante, a pesar de vivir en una mejor situación, siguen resentidos y cuando pueden aprovechan descargando en los más débiles. Unas botas de ciento cincuenta euros, según ellos pues, solo deben pertenecer a alguien que se haya tragado el doble de pollas que ellos. Y no a un Metalhead que no tiene casa ni curro fijo.
—No me voy hasta que me firme esto —digo extendiéndole mis boletines de trabajo.
—¿Tú crees que te voy a pagar por no haber hecho nada mas que calentar el asiento?
—Entonces le cargo el furgón y asunto arreglado.
—No voy a consentir que las manos de un haragán toquen uno solo de mis escritorios.
—Hombre, me puedo poner guantes y cargar solo asientos.
—Te crees muy listo ¿no? Sal ahora mismo he dicho.
—No puedo. Tiene que firmarme los boletines…
—¿Boletines? ¡Boletines te voy a dar yo!
Majin Boo se acerca y me empuja con la barriga derribándome al suelo. Intento levantarme pero ni bien lo logro Majin Boo vuelve a la carga con otro barrigazo que me hace rodar tres metros más allá. Vuelvo a levantarme y vuelvo a salir despedido hasta llegar casi a la puerta principal. Es un gordo grande contra el cual no puedo hacer nada. Así que en el siguiente barrigazo, en lugar de hacerle frente, solo pienso en caer lo mejor posible sin hacerme mucho daño.
Siento el barrigazo. Salgo despedido por los aires. Me cubro la cabeza. Siento un impacto acompañado de un ruido estrepitoso. Abro los ojos. Estoy en medio de un escritorio destrozado del escaparate.
—¡Me cago en la leche! —me dice Majin Boo cabreadísimo— Ese era el escritorio que se tenía que llevar al cliente ahora en la mañana. Un cliente muy importante. Y era la única existencia que había.
—Tú —me dice Majin Boo señalándome con su dedo regordete—. Tú me has jodido…
Majin Boo se lanza sobre mí pero logro salir de la tienda por los pelos. Corro por Goya dejando tras de mí mis boletines sin firmar. Su putamadre. Otro día sin cobrar. Dos calles más adelante me detengo. Volteo a mirar. Nadie me persigue.
Escucho un bocinazo. Miro a la calzada y veo a Majin Boo conduciendo el furgón y dirigiéndose hacia mí. Corro como un loco, doblo la esquina y me meto a un contenedor de basura. Abro un poco la tapa y veo que el furgón sigue de frente. Lo perdí. Salgo del contenedor y vuelvo por donde vine. Regreso a la tienda pijotera de muebles para oficina al lado del centro comercial más exclusivo de la avenida Goya. Una vez dentro, como lo suponía, no encuentro a Majin Boo quien seguro sigue buscándome en alguna calle aledaña. Cojo un rotulador grueso de un escritorio y en la parte de atrás de un cartel publicitario de la empresa que previamente había arrancado escribo lo siguiente:
ME SAQUÉ LA LOTERÍA.
REGALO TODO PORQUE ME VOY A CUBA Y NO VUELVO MAS.
Pego el cartel en el escaparate de la tienda. A los pocos segundos un curioso se acerca.
—¿Es cierto lo que dice el cartel? —me pregunta.
—Así es. Mi papá se sacó la lotería y ahora todos nos vamos a Cuba a bañarnos en sus playas y a follar como conejos.
—Y cuando dice de que regalan todo, eso significa ¿todo lo que hay en el interior de la tienda? —pregunta una pareja de curiosos que pasaban por allí.
—Absolutamente todo —respondo en voz alta y ya son como ocho personas las que tengo delante mío—. Pero tenéis que llevarlo ahora porque nuestro vuelo sale en media hora y entonces…
No me dejan terminar la frase y docenas de tíos, tías, niños, niñas, ancianos con sus perros e incluso dos personas en sillas de rueda entran a la tienda y cargan con todo. No dejan ni los trozos del escritorio que rompí.
Diez minutos más tarde me encuentro caminando por Goya rumbo a la estación del metro. A lo lejos veo el furgón de Majin Boo que regresa a la tienda. Y comprendo por fin porqué Majin Boo está tan grande y gordo pues no es grasa lo que lleva dentro.
Es lefa. Toda la que tragó a lo largo de su vida.
____________________
¹ Título de una de las canciones de la Banda Sonora de la película “Spawn” compuesta e interpretada por Marilyn Manson.
² Cantante norteamericano de Metal Industrial.



1 gritos guturales:
ers el puto amo me enkanta como escribes y las pedazo realidades que cuentas,la forma de xpresarte y las "personalidades" que les pones a tus personales.simplemente...ers el REY
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