“Los muchos deben trabajar mucho
para que los pocos puedan trabajar poco,
a fin de que estos pocos ganen mucho
y aquellos muchos ganen poco”
Istvan Verlokta
—Cuéntame tu experiencia laboral. Por ejemplo, aquí en tu currículum pone que has estado en Inglaterra. ¿Cuánto tiempo estuviste allí y qué hacías?
Nunca entenderé por qué a los empleadores les flipa tanto que uno tenga experiencia laboral en otro país cuando al final, en caso consigas el puesto, no te sirva mas que para comprobar lo ridículo que es nuestro paleto sistema laboral. Currar más allá de las fronteras solo servirá para aumentar tu caché en el proceso de selección y tengas más posibilidades de pillar el puesto, pero difícilmente te será útil en el desempeño de tus labores.
—¿Estuviste trabajando de camarero en un pub de Londres? ¿Y qué tal la experiencia?
Mas aún tratándose de oficios tales como los de mozo de almacén, conductor, botones o camarero. ¿Que necesitas saber inglés? Existe un sinfín de métodos por los cuales puedes aprenderlo, sino como un nativo, sí de manera aceptable. Pero no, así domines el inglés, si nunca has trabajado en el extranjero, tus posibilidades de pillar un puesto serán menores que las de uno que sí lo haya hecho.
—Cierto. Me han contado que en Londres llueve bastante. ¿También hace mucho frío?
Tú podrías haber viajado a Inglaterra sólo para asistir al festival de rock duro Download en Donington y poner en tu currículum que estuviste trabajando en el puesto que solicitas. Los empleadores, que nunca se tomarán la molestia de comprobarlo, entonces querrán saber algunos detalles de tu supuesta experiencia, pero lo que en verdad les interesa es que les cuentes las curiosidades y anécdotas que pasaste en tierras tan extrañas. Cuanto más absurdas tus experiencias más grande abrirán la boca de asombro, como si fuesen a chuparle los huevos a Godzilla.
—¿Le serviste un filete de carne a Mick Jagger y a los demás miembros de los Rolling Stones? ¿Y qué pidieron de beber?
Ayer me llamaron de un restaurante italiano para una entrevista. “Un camarero con experiencia de un año como mínimo. Inglés indispensable”, recuerdo que decía el anuncio. Me apersoné al local, cerca del metro Goya, y después de esperar media hora (estaban entrevistando a otro candidato) y mientras escuchaba a Deicide² en mi MP3, el dueño, un cuarentón muy parecido a James Gandolfini de la serie Los Soprano, me hizo pasar a su improvisado despacho: una de las mesas del restaurante. Nos sentamos y la entrevista se extendió durante casi media hora, tiempo en el cual conté toda serie de barbaridades, desde mi supuesto servicio prestado a Mick Jagger en un pub londinense hasta mi encuentro accidental con algunos miembros de los Beatles. Tan ensimismado estaba en mi narración ficticia que no me di cuenta que acababa de decir que John Lennon, después de pedirme un martini doble, me dejó una propina de cien libras esterlinas.
—¿Pero John Lennon no estaba muerto? ¿Acaso no fue ése al que mataron? —me pregunta James Gandolfini con cara de extrañeza.
—¡Ah, coño! Fue justo lo que yo también le dije. “Oiga, señor Lennon. ¿Acaso usted no está muerto?” Y va y me dice “Hombre, mi padre sí, pero yo espero estar vivo todavía”. ¡Te cagas! Resulta que era el hijo de John y Yoko. ¡Es que es una fotocopia de su padre!
James Gandolfini asienta con la cabeza y luego procede a contarme las características de la oferta. Ya era hora, pienso. Si me seguía dando cuerda no sé hasta dónde hubiera llegado. Eso es lo malo de muchas entrevistas laborales. Primero comienzan preguntándote sobre tu experiencia y demás nimiedades cuando lo que deberían hacer es decirte directamente el monto de la paga, el horario y las labores a realizar, para saber si te interesa. El solo hecho de que te presentes a un puesto da por sentado a los empleadores de que sus ofertas son aceptadas, por ello te hacen perder el tiempo con sus interrogatorios. El gran broche final, según ellos, es decirte lo que en un principio te debieron decir. Y se supone que uno, tras escucharlos, debería emocionarse.
—El horario es partido, de once a cuatro y de ocho a doce o una de la mañana, según la cantidad de clientes que haya. El salario es de 950 euros netos y las propinas son aparte.
Vaya mierda. No hay nada peor que un horario partido debido a que son engañosos. Supuestamente tu horario será de nueve o diez horas de trabajo al día los cuales te pagarán exactos sin un euro de más. No obstante, en la práctica, el tiempo que el curro te tomará será de más de catorce horas debido a que el entretiempo se te irá entre que almuerces, vayas a tu casa y regreses. Ni siquiera viviendo al lado de tu trabajo te servirá de nada ya que tu mente, durante el entretiempo, sólo estará pensando en la hora en que tienes que regresar. Tu libertad, si bien trabajando ya es limitada, con este tipo de horario lo es todavía más.
—Pos mira —le digo a Gandolfini—, todo está muy bien, sólo que tengo dos pegas. La primera es el horario partido.
—En hostelería los horarios suelen ser partidos —me dice el padre de Los Soprano.
—Ya, pero no en todos. Yo busco un horario corrido. Bueno, y la segunda pega es el salario. Vengo de ganar 1300 euros…
—Pero en Inglaterra el costo de vida es superior por eso los salarios son altos.
—Ya, pero yo no te hablo de Inglaterra si no de Barcelona. Si te fijas en mi currículum también pone que curré en un bar de copas…
—¿Y cuánto ganabas allí?
—Sobre los 1300 euros. A parte de las propinas.
—Pero seguro sería en un horario chungo.
—No menos chungo que un horario partido.
—Bueno, pero como dice el dicho, es mejor ganar poco y que te traten bien, a ganar mucho y que te puteen. Aquí no te vamos a putear.
—No hace falta. Con el salario ofrecido ya lo estás haciendo.
La expresión radiante de James Gandolfini se torna de pronto sombría. Intento decir algo que quite un poco de leña al fuego.
—Bueno, también tengo que reconocer que en el bar de Barcelona pagaban más debido a que era un lugar de categoría. Un lugar con clase, ya sabes…
La expresión sombría de James Gandolfini se torna más nefasta aún. La estoy cagando.
—No quise decir eso, me refería a que en Barcelona los clientes tenían más dinero, quizás por eso pagaban más. No como aquí, en Madrid, que además de peseteros, los clientes no suelen dejar propinas. Ya sabes, el viejo dicho que dice “si te dejan propina de más de un euro lo más probable es que el cliente no sea español si no extranjero”.
Para cuando termino de decir eso caigo en cuenta del contenido de la foto que está colgada en la parte superior de la barra, justo detrás de donde el padre de Los Soprano se encuentra sentado. Eran los jugadores del Real Madrid que posan abrazados del dueño del restaurante que aparece sonriente y feliz, muy distinto de como está ahora. Incluso logro leer su nombre en la dedicatoria que le firmaron los futbolistas sobre la foto: “A José Domínguez” por lo que deduzco que de italiano el restaurante sólo tiene el nombre ya que el dueño es más español que el jamón serrano. Tengo que actuar con rapidez.
—¡Pero si es Raúl! —grito levantándome del asiento y señalando hacia la ventana.
James Gandolfini voltea a mirar, ocasión que aprovecho para correr en dirección contraria hacia la puerta. Pero ni bien avanzo unos metros y me tropiezo con un tipo vestido de blanco que carga una torre enorme de masas de pizza. El impacto es tremendo y los tres, las masas de pizza, el tipo de blanco y yo, caemos al suelo. Me incorporo y antes de echar a correr como un conejo asustado logro ver la cara del que reconozco como cocinero del restaurante italiano, el del uniforme blanco con quien me tropecé. Resultó ser latinoamericano.
—Tú tampoco eres italiano —le digo y salgo cagando leches del lugar.
Cuando por fin llego al metro Goya y mientras escucho a Deicide en mi MP3, reflexiono sobre lo sucedido e intento sacar una moraleja de ello. Y antes de llegar a las taquillas del metro se me ocurre una: “Cuando estés en apuros corre como un conejo. Pero cuando no tengas bonotransporte sáltate la entrada del metro como un canguro”.
Y eso es lo que hago.
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¹ Título de una de las canciones del álbum “Once Upon The Cross” del grupo Deicide.
² Grupo norteamericano de Death Metal.
para que los pocos puedan trabajar poco,
a fin de que estos pocos ganen mucho
y aquellos muchos ganen poco”
Istvan Verlokta
—Cuéntame tu experiencia laboral. Por ejemplo, aquí en tu currículum pone que has estado en Inglaterra. ¿Cuánto tiempo estuviste allí y qué hacías?
Nunca entenderé por qué a los empleadores les flipa tanto que uno tenga experiencia laboral en otro país cuando al final, en caso consigas el puesto, no te sirva mas que para comprobar lo ridículo que es nuestro paleto sistema laboral. Currar más allá de las fronteras solo servirá para aumentar tu caché en el proceso de selección y tengas más posibilidades de pillar el puesto, pero difícilmente te será útil en el desempeño de tus labores.
—¿Estuviste trabajando de camarero en un pub de Londres? ¿Y qué tal la experiencia?
Mas aún tratándose de oficios tales como los de mozo de almacén, conductor, botones o camarero. ¿Que necesitas saber inglés? Existe un sinfín de métodos por los cuales puedes aprenderlo, sino como un nativo, sí de manera aceptable. Pero no, así domines el inglés, si nunca has trabajado en el extranjero, tus posibilidades de pillar un puesto serán menores que las de uno que sí lo haya hecho.
—Cierto. Me han contado que en Londres llueve bastante. ¿También hace mucho frío?
Tú podrías haber viajado a Inglaterra sólo para asistir al festival de rock duro Download en Donington y poner en tu currículum que estuviste trabajando en el puesto que solicitas. Los empleadores, que nunca se tomarán la molestia de comprobarlo, entonces querrán saber algunos detalles de tu supuesta experiencia, pero lo que en verdad les interesa es que les cuentes las curiosidades y anécdotas que pasaste en tierras tan extrañas. Cuanto más absurdas tus experiencias más grande abrirán la boca de asombro, como si fuesen a chuparle los huevos a Godzilla.
—¿Le serviste un filete de carne a Mick Jagger y a los demás miembros de los Rolling Stones? ¿Y qué pidieron de beber?
Ayer me llamaron de un restaurante italiano para una entrevista. “Un camarero con experiencia de un año como mínimo. Inglés indispensable”, recuerdo que decía el anuncio. Me apersoné al local, cerca del metro Goya, y después de esperar media hora (estaban entrevistando a otro candidato) y mientras escuchaba a Deicide² en mi MP3, el dueño, un cuarentón muy parecido a James Gandolfini de la serie Los Soprano, me hizo pasar a su improvisado despacho: una de las mesas del restaurante. Nos sentamos y la entrevista se extendió durante casi media hora, tiempo en el cual conté toda serie de barbaridades, desde mi supuesto servicio prestado a Mick Jagger en un pub londinense hasta mi encuentro accidental con algunos miembros de los Beatles. Tan ensimismado estaba en mi narración ficticia que no me di cuenta que acababa de decir que John Lennon, después de pedirme un martini doble, me dejó una propina de cien libras esterlinas.
—¿Pero John Lennon no estaba muerto? ¿Acaso no fue ése al que mataron? —me pregunta James Gandolfini con cara de extrañeza.
—¡Ah, coño! Fue justo lo que yo también le dije. “Oiga, señor Lennon. ¿Acaso usted no está muerto?” Y va y me dice “Hombre, mi padre sí, pero yo espero estar vivo todavía”. ¡Te cagas! Resulta que era el hijo de John y Yoko. ¡Es que es una fotocopia de su padre!
James Gandolfini asienta con la cabeza y luego procede a contarme las características de la oferta. Ya era hora, pienso. Si me seguía dando cuerda no sé hasta dónde hubiera llegado. Eso es lo malo de muchas entrevistas laborales. Primero comienzan preguntándote sobre tu experiencia y demás nimiedades cuando lo que deberían hacer es decirte directamente el monto de la paga, el horario y las labores a realizar, para saber si te interesa. El solo hecho de que te presentes a un puesto da por sentado a los empleadores de que sus ofertas son aceptadas, por ello te hacen perder el tiempo con sus interrogatorios. El gran broche final, según ellos, es decirte lo que en un principio te debieron decir. Y se supone que uno, tras escucharlos, debería emocionarse.
—El horario es partido, de once a cuatro y de ocho a doce o una de la mañana, según la cantidad de clientes que haya. El salario es de 950 euros netos y las propinas son aparte.
Vaya mierda. No hay nada peor que un horario partido debido a que son engañosos. Supuestamente tu horario será de nueve o diez horas de trabajo al día los cuales te pagarán exactos sin un euro de más. No obstante, en la práctica, el tiempo que el curro te tomará será de más de catorce horas debido a que el entretiempo se te irá entre que almuerces, vayas a tu casa y regreses. Ni siquiera viviendo al lado de tu trabajo te servirá de nada ya que tu mente, durante el entretiempo, sólo estará pensando en la hora en que tienes que regresar. Tu libertad, si bien trabajando ya es limitada, con este tipo de horario lo es todavía más.
—Pos mira —le digo a Gandolfini—, todo está muy bien, sólo que tengo dos pegas. La primera es el horario partido.
—En hostelería los horarios suelen ser partidos —me dice el padre de Los Soprano.
—Ya, pero no en todos. Yo busco un horario corrido. Bueno, y la segunda pega es el salario. Vengo de ganar 1300 euros…
—Pero en Inglaterra el costo de vida es superior por eso los salarios son altos.
—Ya, pero yo no te hablo de Inglaterra si no de Barcelona. Si te fijas en mi currículum también pone que curré en un bar de copas…
—¿Y cuánto ganabas allí?
—Sobre los 1300 euros. A parte de las propinas.
—Pero seguro sería en un horario chungo.
—No menos chungo que un horario partido.
—Bueno, pero como dice el dicho, es mejor ganar poco y que te traten bien, a ganar mucho y que te puteen. Aquí no te vamos a putear.
—No hace falta. Con el salario ofrecido ya lo estás haciendo.
La expresión radiante de James Gandolfini se torna de pronto sombría. Intento decir algo que quite un poco de leña al fuego.
—Bueno, también tengo que reconocer que en el bar de Barcelona pagaban más debido a que era un lugar de categoría. Un lugar con clase, ya sabes…
La expresión sombría de James Gandolfini se torna más nefasta aún. La estoy cagando.
—No quise decir eso, me refería a que en Barcelona los clientes tenían más dinero, quizás por eso pagaban más. No como aquí, en Madrid, que además de peseteros, los clientes no suelen dejar propinas. Ya sabes, el viejo dicho que dice “si te dejan propina de más de un euro lo más probable es que el cliente no sea español si no extranjero”.
Para cuando termino de decir eso caigo en cuenta del contenido de la foto que está colgada en la parte superior de la barra, justo detrás de donde el padre de Los Soprano se encuentra sentado. Eran los jugadores del Real Madrid que posan abrazados del dueño del restaurante que aparece sonriente y feliz, muy distinto de como está ahora. Incluso logro leer su nombre en la dedicatoria que le firmaron los futbolistas sobre la foto: “A José Domínguez” por lo que deduzco que de italiano el restaurante sólo tiene el nombre ya que el dueño es más español que el jamón serrano. Tengo que actuar con rapidez.
—¡Pero si es Raúl! —grito levantándome del asiento y señalando hacia la ventana.
James Gandolfini voltea a mirar, ocasión que aprovecho para correr en dirección contraria hacia la puerta. Pero ni bien avanzo unos metros y me tropiezo con un tipo vestido de blanco que carga una torre enorme de masas de pizza. El impacto es tremendo y los tres, las masas de pizza, el tipo de blanco y yo, caemos al suelo. Me incorporo y antes de echar a correr como un conejo asustado logro ver la cara del que reconozco como cocinero del restaurante italiano, el del uniforme blanco con quien me tropecé. Resultó ser latinoamericano.
—Tú tampoco eres italiano —le digo y salgo cagando leches del lugar.
Cuando por fin llego al metro Goya y mientras escucho a Deicide en mi MP3, reflexiono sobre lo sucedido e intento sacar una moraleja de ello. Y antes de llegar a las taquillas del metro se me ocurre una: “Cuando estés en apuros corre como un conejo. Pero cuando no tengas bonotransporte sáltate la entrada del metro como un canguro”.
Y eso es lo que hago.
___________________
¹ Título de una de las canciones del álbum “Once Upon The Cross” del grupo Deicide.
² Grupo norteamericano de Death Metal.

1 gritos guturales:
franco
guauuu,genial,te as kurrao el blog
este mi myspace por si te kieres dar una vuelta
http://www.myspace.com/nadinne_metal.
saludos
ahhh me mandaste un correo a takykardia_tatoo@hotmail.com
;)
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